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EL EXALUMNO DEL CFGS DE FOTOGRAFÍA, EDU C. CAÑAS PUBLICÓ EN EL DIARIO `PÚBLICO´

EL EXALUMNO DEL CFGS DE FOTOGRAFÍA, EDU C. CAÑAS PUBLICÓ EN EL DIARIO `PÚBLICO´

El pasado día 13 de Enero, el exalumno del CFGS de Fotografía, Edu C. Cañas publicó en el diario "Público" un fotorreportaje acerca de la recogida de la aceituna en la localidad de Miguel Esteban. Podéis ver el reportaje completo AQUÍ

Esperemos que os guste!


OLIVO
por Edu C. Cañas

Este reportaje está realizado mientras trabajaba en la recolecta del fruto, entre descansos y escaqueos. Fue creado en el invierno de 2019. Al carecer de trabajo en esas fechas, me eché al campo, labor que no había realizado anteriormente. El reportaje está realizado íntegramente en analógico, como antaño, sin prisas.

Con este reportaje se pretende dar luz a la España oculta. Para mí, estos paisajes y retratos son mi herencia, por lo que fijarlos en el tiempo es el legado que dejo. En estas fotografías recojo la labor de una pequeña cuadrilla, guiada por el dueño del terreno y/o el padre de este. El trabajo era realizado por completo a mano, a excepción de una vara a motor. El remolque enganchado a una vieja, pero fiable, C15, se cargaba y descargaba a cubos, palas y riñones. La luz del invierno manchego marca el tono del reportaje. Al amanecer, un manto gris de nubes difumina la luz. La escena y los rostros se iluminan desde todas las partes. Por unas horas no existen las sombras, solo la sensación de empequeñecimiento que los horizontes infinitos de esta zona te generan en tu interior. Cárceles sin muros, en absoluto silencio. Da miedo estar allí, en mitad de la nada. En la tarde, el sol que cae a plomo, marca las arrugas de los rostros y el suelo. Por esto pienso que La Mancha es una zona de alto contraste. Con una luz que te ciega, a oscuras se queda todo lo que no se quiere ver.

Se trata de una forma de vivir que lleva décadas en continuo peligro de extinción. El pequeño terrateniente (en ocasiones llamado “Amo”), la cooperativa local y los labreros jóvenes han estado mutando lentamente. Las familias ya no se preocupan de cuidar y cultivar la tierra, por lo que venden o arriendan sus campos, lo cual facilita que grandes productores monopolicen el sector. Esto, sumado a las malas condiciones laborales del sector agrícola, genera un rechazo entre los jóvenes de la zona. Claro que hay personas que quieren trabajar, pero no a cualquier precio. Un gran número de personas se ven obligadas a emigrar a otros países para trabajar en el mismo sector, buscando mejores sueldos.

Este trabajo de documentación encuentra lo que ya pocos pueden o quieren ver. Algo que paso a paso vamos a perder. Parte por desinterés, parte por no haber querido adaptarse a las necesidades del sXXI. Gente que resistió ser devorada por los modelos intensivos de producción y que en ocasiones pagan caro su atrevimiento. Si se pretende salvar este entorno, ha de ser con conciencia ecológica y laboral. Ya no caben excusas, la gente quiere trabajar y necesita comer. Es cuestión de tiempo que la labranza sea absorbida por la industralización más impersonal, la que no atiende a lo que la naturaleza necesita; sino a lo que el ser humano le exige.

 

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